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Virgen Asunta, Patrona de la Fidelísima Ciudad de Chachapoyas

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La Virgen Asunta, es la imagen de la Virgen María, madre de Jesucristo, patrona de la antigua y fidelísima ciudad de Chachapoyas, la sexta fundación española de Perú.

 

Es una imagen de bello tallado, proveniente de la escuela de arte de Quito, mide aproximadamente 90cm de alto y sus manos siempre abiertas, parecieran recibirnos para acogernos. En realidad, la forma de sus manos demuestra su entrega y confianza total en el plan de Dios, pues se muestra indefensa ante el poder del Padre que la hace subir al cielo con la ayuda de los serafines que la transportan; digo yo, esa es la postura que la imagen sagrada nos quiere mostrar. Esas manos abiertas, han sido muchas veces aprovechadas para ser unidas mediante la conexión de un Rosario, evidente símbolo de la devoción a la María Santísima, pero que al ser colocado en sus brazos abiertos, le quita el sentido de su postura: La Virgen subiendo al cielo con los brazos abiertos, listos a dar el abrazo final y definitivo a Dios.

 

Su advocación no es como las demás de la Virgen, esta advocación toma un singular motivo de veneración, pues es la Virgen resucitada y glorificada no sólo en alma, sino también en cuerpo, ese cuerpo inmaculado que por nueve meses de su vida alimentó y formó al Salvador del mundo, ¿cómo Dios podía dejar el cuerpo que lo formó en carne corromperse por el sepulcro?, es así que con todo su poder le dio este singular privilegio como ejemplo para nosotros, ejemplo para ser glorificados como ella en la patria celeste, como premio a nuestras buenas acciones y actos, si María le dijo que sí a Dios y ayudó a cumplir su plan liberador, nosotros digámosle sí al pobre que cada día llega a nuestra puerta a pedir un pan, al niño que quiere aprender, al hijo que necesita amor.

 

Hace 57 años, un 15 de agosto de 1952, en plena Plaza Mayor de la fidelísima y muy noble Chachapoyas, el siervo de Dios, Mons. Octavio Ortiz Arrieta, dio lectura al rescripto pontificio del 16 de abril del mismo año, por el cual, el Papa Pío XII ordenaba y daba potestad a Mons. Octavio a coronar canónicamente a la imagen de la Virgen Asunta, como Reina y Patrona de la ciudad de Chachapoyas, un privilegio que no cualquier Virgen Patrona del Perú tiene, pues esta distinción es otorgada a las imágenes de María que representen a la devoción de un pueblo, una región y un país. Es la única imagen de la Virgen en ceja de selva y selva, que tiene esta distinción.

 

La presea de oro que Mons. Octavio colocó en sus sienes en una inmensa muestra de amor y devoción del pueblo amazonense, pues para confeccionarla se hizo una recolección de joyas de oro de todas las familias y personas devotas y su confección fue mandada a hacer en Lima por los residentes de nuestra región en la ciudad capital.

 

Por muchísimos años en su fiesta patronal, se vivía un aire de espiritualidad y hermandad, de diferentes pueblos, caseríos y anexos de Amazonas, peregrinaban caravanas de familias en pos de la Imagen Sagrada. Se me viene a la mente mencionar por ejemplo, una parte de la introducción del libro “Historia Inédita de los Chachapoya” de Carlos Gates, en donde el arqueólogo Federico Kauffman Doig menciona un recuerdo de su infancia, a orillas del río Marañón en la provincia de Luya, desde donde cada agosto con su familia viajaban días enteros hasta Chachapoyas para venerar a la famosa patrona canónica de Chachapoyas, y en aquel entonces patrona jurada de Amazonas. Claro, ahora hay otras devociones que se han hecho paralelamente famosas con la devoción de la Virgen Asunta, así tenemos al Señor de Gualamita en Lámud, a San Nicolás de Tolentino en Mendoza, al Señor de los Milagros de Huancas y otros.

 

Antiguamente, cuando la fiesta religiosa era organizada por el mismo Mons. Octavio, la imagen era llevada solamente a la Basílica Catedral para sus cultos correspondientes, que se conformaba por el triduo de preparación a la solemnidad de la Asunción, las Vísperas y la Misa Pontifical del día central.

Según un programa de 1957, el día 12 de agosto la imagen era bajada a la Catedral, el triduo era la noche del 12, del 13 y el 14 (día que también era la Víspera), el día 15 después de la solemne misa seguía una procesión en la cual la imagen era llevada por el jirón Triunfo hasta la plazuela de Burgos y bajada por el jirón Amazonas en donde retornaba a la Catedral, para que el día 16 retorne a su Santuario.

 

La Virgen patrona de Chachapoyas, tiene un aproximado de 80 mantos, entre los cuales destaca uno tejido íntegramente en pequeñas rodelas hechas a crochet (ganchillo) por la Sra. Teresa Guerrero de Herrera, mantos como este son prueba de amor de sus hijos. Así también lo son sus joyas, muchas de ellas de un valor material (además del espiritual claro) muy alto, entre ellas aparte de su corona patronal, podríamos mencionar al corazón de oro obsequiado por el coronel Gustavo Collantes Pizarro, al prendedor en forma de corbata “michi” que regalara para el día de la coronación doña Juana Rojas de Quiroz y a sus aretes de aguamarinas engastadas en oro, todas ellas que luce cada 15 de agosto, y otras más que con fiel cariño guardaba celoso nuestro recordado Prof. Gilberto Tenorio Ruiz.

 

Nuestra amada “Mama Asunta” (como cariñosamente la conocemos los chachapoyanos), es más que una imagen de madera, pues ha tomado vida dentro del corazón de cada paisano nuestro, de los que estamos aquí juntos bajo su manto y su mirada, y también de los que viven lejos y que cada agosto retornan a venerarla, algunos recordando su infancia, a sus padres y abuelos que les inculcaban el amor a esta Madre sin par.

 

Que la querida Mama Asunta siempre siga derramando su bendición y protección a nuestro pueblo, y que nos tome de su mano, nos hermane y nos lleve a Jesús, culmen de nuestras vidas.

 

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